viernes, 20 de diciembre de 2019

Las implicaciones de la sobreprotección


Las secuelas de la sobreprotección

El ser humano nace pequeño y necesitado de que alguien le cuide y le vaya enseñando herramientas para acabar manejándose por sí mismo en la vida. La educación a un hijo no puede ser siempre la misma a lo largo de todas sus edades, sino que ha de ir adaptándose para que sea adecuada. En la medida en que el niño va creciendo, tenemos que ir incentivando a que coja autonomía, a que empiece a hacer tareas por sí mismo y a tomar decisiones, y como guías que somos de ellos (y no suplantadores), resistirnos a actuar por ellos aunque sepamos que puedan llegar a cometer errores. Se sabe que ésta es la única manera para que una persona aprenda. Igual que las aves aprenden a volar poco a poco y al principio caen muchas veces. Pero a ninguna madre ave se le ocurre cortarle las alas a su cría para evitar que se caiga, porque no se cuestiona que su cría no pueda volar. Para hacer esta adaptación de la educación a cada una de las edades hay un paso primordial previo que es saber ver a tu hijo, conocer en qué fase está, cuándo le podemos dar un papel y en qué medida. No todos los padres conocen cuál es la edad más apropiada para cada aprendizaje, ni tampoco se puede hablar de una edad universal para cada paso, porque dependerá de la persona en cuestión. Pero lo que está claro es que el fin de todo padre ha de ser que su hijo pueda adquirir autonomía y salir y desempeñarse en el mundo. 

Sin embargo hay algunos padres que se oponen a ello. Y no tiene por qué ser porque quieran lo peor para sus hijos. A veces sienten que los quieren tanto que no pueden soportar que su hijo pueda sufrir ni la más leve caída. Pero no son conscientes de que es totalmente irreal la posibilidad de poderle evitar a un hijo cada uno de los baches de la vida. Primero, porque un hijo no puede vivir recluido en una burbuja. Segundo, porque los padres no van a ser inmortales. Es por ello que se sabe que sí o sí tu hijo va a llevar caídas en la vida, va a tropezar como todos. Pero puede vivir este proceso poco a poco mientras aún cuenta contigo para apoyarle o aconsejarle o condenarlo a que lo viva todo de golpe cuando tú ya no estés. 

Hoy reflexionaremos sobre algunas de las consecuencias que puede tener la sobreprotección de un hijo en la vida adulta:



-Bajo desarrollo de habilidades sociales. 

Hay padres que no permiten salir a sus hijos. También hay quienes sí lo permiten, pero después de haber manifestado muchas quejas respecto a que salgan. Todo esto hace que el hijo acabe prefiriendo no salir a tener que estar discutiendo y tratando de convencer a sus padres. Una persona que no desarrolla habilidades sociales puede tener graves problemas en la vida, porque se sabe que una parte fundamental para tener éxito en la vida es el desarrollo social óptimo. Además, no aprendes a ver cómo son los otros, conocer sus intenciones, la forma más adecuada para resolver ciertas situaciones etc. Todo esto te hace vulnerable al maltrato y al aprovechamiento por parte de los demás, porque sales al mundo sin perspicacia, sin el saber "verlas venir". 



-Indecisión.

Puede que los padres no hayan dado espacio a su hijo para tomar decisiones o le hayan criticado las pocas decisiones que le hayan dejado tomar. Esto hace que, llegado el momento, su hijo no se sienta preparado para decidir por el terrible terror que tiene a equivocarse. La indecisión en un principio puede hacer que no termine de elegir ningún camino. También puede ocurrir que en una situación importante en la que necesite decidir porque, por ejemplo, está sufriendo algún tipo de daño o no es feliz, se sienta incapaz de dar el paso. Así, perpetúe situaciones que vive con mucho sufrimiento porque siente que si no decide y se deja llevar por la situación al menos no será el culpable de lo que está viviendo, porque no lo ha elegido él. Esto no es cierto, no actuar también es una decisión, una elección con consecuencias, pero tal vez sea tema para otra entrada.




-Baja autoestima. 

Cuando un padre sobreprotege al niño subconscientemente le está transmitiendo a su hijo la visión de que no cree que se pueda defender en la vida, que no tiene lo que hay que tener para vivir la vida como los demás. Y no importa que verbalmente le digas a tu hijo que vale un montón, si luego lo tratas toda la vida como si fuese un bebé, sin confiar en su potencial de aprendizaje. Una baja autoestima es el caldo de cultivo ideal para infinidad de problemas de salud mental y de nuevo te hace vulnerable al maltrato. También te convierte en dependiente a nivel emocional de los otros, porque cuando no crees en ti y no apuestas por tu propio potencial, acabas sometiéndote a los demás. Además, si pasas toda tu vida como padre dándole instrucciones, diciéndole lo que tiene que hacer, cuando no esté contigo también buscará a alguien similar, porque no habrá aprendido a pensar por él mismo. Es más, acabará creyendo que lo que él pueda opinar no vale y ha de ser previamente aprobado por otros, porque "si tus mismos padres no creen en tu criterio, ¿por qué ibas a creer en él tú?"



-Desconfianza.

Hay padres que, quizá porque ellos mismos han tenido una mala experiencia con otras personas, acaban dudando de todo el mundo y hablando mal a sus hijos respecto a cada una de las personas que conocen. Todo esto le va generando a su hijo una gran inseguridad e, incluso, paranoia. Cuando le toque salir al mundo, estamos hablando de alguien que no ha desarrollado todavía todas las herramientas y que muy probablemente pueda necesitar a otros. Pero al mismo tiempo no se va a atrever a confiar en los demás porque le han enseñado a lo largo de los años que todos son "malos", que todos se van a aprovechar de él o a hacerle daño. Como no ha aprendido habilidades sociales tampoco es que haya desarrollado suficiente criterio social para cuestionar lo que le decían sus padres. 



-Ansiedad alta.

Si le has hecho ver que el mundo es un lugar peligroso, es difícil que pueda sentirse relajado al salir a él. Además de la ansiedad por miedo, también sentirá ansiedad por el hecho de ver que otros sí saben hacer cosas y él no. Sentirá ansiedad cuando en una edad en la que todos consideran que él ya debería saber "x" o "y", él no tiene ni idea ni de cómo empezar. Y encima si lo has sobreprotegido mucho, no sólo estaremos hablando de aprender una cosa o varias. Quizá si se independiza le toque aprender muchísimas de golpe para las cuales no se siente preparado. Y además, como es ya adulto, puede sentir vergüenza de pedir ayuda a otros, o puede pasarle que ni siquiera tenga amigos para hacerlo. También puede dar con personas que le ayuden pero no escatimen en hacerle comentarios del estilo: "Con la edad que tienes, parece mentira que no sepas..." Todo esto refuerza la visión que puede tener de ser inútil. 

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-Pérdida de oportunidades. 

"No viajo por miedo. No salgo con cierta persona porque a lo mejor no es buena y me va a hacer daño. No cambio de ciudad porque, ¿cómo voy a vivir yo solo en otro lado? ¿Para qué ir a aquella fiesta? ¿Para qué ir a aquella excusión?" Al final la persona va dejando de hacer cosas. Se va acostumbrando a renunciar, le produce alivio no tener que enfrentar aquello que tanto teme. Tampoco sabe lo que se pierde, porque a fin de cuentas, nunca lo vivió. Aquella felicidad que podría haber sentido en aquel viaje, aquella persona fabulosa que podría haberle querido de verdad, aquel trabajo enriquecedor que podría haberle dado sentido a su vida entera... Para él lo único que existe puede ser "la burbuja" en la que ha vivido, a la cual puede agarrarse con uñas y dientes, por mera seguridad. Es su zona de confort, donde descansa de todo ese mundo en el que no termina de funcionar como los demás. 



-Depresión. 

Estamos hablando de una persona que puede haber vivido recluida durante mucho tiempo porque a sus padres no les gusta que salga. Una persona que poco a poco se ha quedado atrás en habilidades sociales, que no tiene soltura a la hora de manejarse con la vida. Puede que, llegado el momento, haga esfuerzos por salir, que busque recuperar el tiempo perdido y poder aprender a manejarse, pero luego sienta al salir fuera que no puede, que es demasiado. Una persona que se siente inútil porque siempre le trataron como tal, que puede ver como los demás parece que sepan cosas de las que ella ni se ha enterado. Esa lucha constante contra las demandas de la vida que no aprendió a manejar, contra el autoconcepto negativo que se le fue construyendo, contra la enorme ansiedad de un mundo peligroso, impredecible y en el que no sabe funcionar,... Puede fácilmente llevarle a una depresión. Una persona de las características que hemos estado hablando puede tener difícil encontrar un trabajo o una pareja (lo segundo, no tan obligado, pero sí transmitido socialmente como un hito más a conseguir en la vida). Esta depresión puede ser vivida en soledad si la persona no ha conseguido establecer amistades, de nuevo por sobreprotección.

Además, se sabe que la depresión en muchos casos se mantiene por un estrechamiento en el foco de realidad. Esta persona que ha vivido en reclusión puede tener una visión muy limitada de lo que es la vida y no tener ni idea de que la posibilidad de ser feliz existe, pero tal vez en otro lado, tal vez con otro estilo de vida. 



-¿Baja tolerancia a la frustración? 


Tratando de no dejarme nada en el tintero busqué esta última, la cual bajo mi punto de vista es discutible. Se dice que una persona que ha sido sobreprotegida desarrolla una baja tolerancia a la frustración porque se concibe que alguien sobreprotegido ha vivido siempre entre algodones, recibiendo todo lo que quería. Pero esto no tiene por qué haber sido así. De hecho, una persona sobreprotegida se expone a mucha frustración cuando tiene que decir NO a salir con amigos, NO a hacer lo que le gusta, NO a hacer lo que a sus padres no les parece bien que haga... ¿Qué puede producir más frustración que la constante limitación de la libertad? El problema no tiene por qué ser tanto que no tolere la frustración, sino que se vea excesivamente saturado cuando mil cosas que no ha aprendido a hacer de repente tiene que hacerlas sí o sí y no tiene ayudas ni oportunidades para cometer errores, porque se supone que con su edad ya tendría que haber sabido sobradamente hacerlo. 

Pero tal vez el matiz al que se refiere este aspecto es al de las falsas ventajas que encierra el mundo del sobreprotegido. Y es que si el hijo no sale o no genera en los padres miedo y se somete a todos sus deseos, los padres le pueden brindar comida, hacer por él las tareas y, en definitiva, acabar siendo una especie de "sirvientes" de su hijo. En el momento en que estas personas que han hecho dependientes de sí mismos a su hijo se retiran, la frustración que el hijo puede sentir es enorme, porque no sabe cómo hacer las cosas, nadie le explicó. Puede vivir como una injusticia que sus padres "le abandonen", dejándole ser autónomo de golpe sin haberle preparado.

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Además en la sobreprotección hay como varias fases que ilustraremos con un sencillo ejemplo:
Primera fase: Fase de deseo de autonomía. En esta fase el hijo quiere ser autónomo. El hijo, por ejemplo, quiere hacer la cena, pero sus padres protestan. No quieren que toque nada de la cocina. No quieren que el hijo haga nada porque lo va a hacer mal. 
Segunda fase: Fase de insistencia. El hijo quiere participar. Intenta hacer la cena, sus padres se meten por en medio terminando lo que él empezó o completando el plato de tal forma que su hijo no se lleve la sensación de que ha conseguido hacerla por él mismo. El hijo está viendo que aunque intente ser autónomo, sus padres le sabotean constantemente. Puede haber críticas duras a los avances que el hijo vaya haciendo que acaben por hacerle sentir mal por el simple hecho de intentar ser autónomo en la tarea.
Tercera fase: Fase de renuncia. El hijo se acostumbra a no hacer la cena. No le dejan, ¿para qué insistir? Debe ser inútil y por eso sus padres no le dejan. Se acostumbra a dejar esta tarea en los otros. Esta fase puede durar años. 

AUTONOMÍA FORZADA: De repente sus padres desaparecen. Tiene que hacer la cena. No ha freído nunca ni un huevo. Además, tiene interiorizado que es inútil, de sobra se lo dijeron o se lo hicieron sentir durante años. Siente mucha ansiedad. Intenta algo. Le sale mal. Siente que sus padres le han traicionado. ¿Cómo pueden ser tan crueles de abandonarle, si ellos mismos saben que él no es capaz? FRUSTRACIÓN.  



¿QUÉ HACER?

Las recomendaciones exactas dependerán de la edad y el caso, pero aquí van algunas recomendaciones muy generales a considerar:

-Si eres padre, infórmate bien de en qué momento los hijos ya están preparados para ir haciendo tareas por sí mismos. Lee libros, pregunta a otros padres, pregunta a profesores... Lo que necesites, para saber en qué fase de autonomía está tu hijo y qué puntos le vendría bien reforzar. 

-No hagas algo por tu hijo que no esté él mismo capacitado para hacer. Si físicamente puede hacer algo pero no sabe, ayúdale a que poco a poco vaya desarrollando la tarea. Primero, con tu ayuda, luego contigo presente pero sin intervención y finalmente solo. 

-No le hagas sentir a tu hijo que es inútil, ni haciendo las cosas que él mismo podría hacer, ni diciéndole que es inútil o insinuándoselo. El primer paso para que alguien pueda hacer algo es que crea que realmente lo puede hacer. Si dudas de él, estarás impidiendo su desarrollo.

-Déjale que salga con amigos. Necesita relacionarse y "caer socialmente" desde que es niño. Las consecuencias de caer de niño pueden ser menos duras que las caídas como adultos. No le hables mal de cada uno de sus amigos. Él mismo será quien vaya viendo qué amigos le convienen y cuáles no. Si cuidas su autoestima y le das afecto, es poco probable que termine con amigos que le perjudiquen. 

-Déjale que experimente. No lo pares antes de tiempo ante lo que le nazca hacer. Si paras a una persona ante cada iniciativa que tenga, acaba por no saber ni lo que siente o desea.  

-Déjale que viaje. Viajar te hace aprender, te amplía la perspectiva. No le impidas esta experiencia.

-No le hagas sentir mal por las decisiones que tome. En lugar de eso, refuerza el mero hecho de que tome una decisión. Si luego sale mal no es culpa suya. Forma parte de la vida el ir descubriendo qué caminos son los tuyos y cuáles no.

-No hables por él, no resuelvas todo por él. Para él será lo más cómodo, pero no le conviene. Cada cosa que hagas en su lugar es una dependencia que le estás creando. 

-No le controles como si fueses un policía, invadiendo su privacidad constantemente. Esto, aunque no lo creas, transmite la idea a tus hijos de que no son adultos, de que son tratados como bebés, sin respeto a su intimidad. Tu hijo tiene derecho a contarte lo que él quiera de su vida y no más que eso.  


-Si tu hijo adquiere autonomía, no significa que no te necesite. No le digas cosas como "Ahora como ya sabes hacer todo solo, no me necesitas ya". Tu hijo te quiere y se va a sentir mal si sientes que ya no tienes papel en su vida, si siente que te deprimen sus avances. Además, no es real. Tu consejo y apoyo puede ser bueno cuando tenga dudas o dificultades en la vida. Desaparecer como padre recién adquirida la autonomía, puede sabotear dicha autonomía fácilmente. 


En resumen, PERMÍTELE QUE VIVA, en toda su expresión. Tu hijo nació para vivir, con todas sus implicaciones, igual que el pájaro nació con alas para volar. 

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sábado, 7 de septiembre de 2019

La importancia de ser genuino


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Hoy he decidido realizar una entrada rápida, después de mucho tiempo, para hacer reflexionar a profesionales y personas dedicadas a la ayuda a los demás, sobre lo importante que es ser sincero. Existe la moda en esta sociedad de decir muchas cosas para quedar bien, fuera de que realmente sean verdad o mentira. Es, por ejemplo, la frase dicha por algunos profesionales: "Para cualquier cosa que necesites, me puedes contactar". Esto sin duda genera sensación de disponibilidad para los pacientes, puede hacerles sentir más seguros. Pero si después ellos te escriben y les ignoras porque el tiempo que te lleva leerles y contestarles no está siendo "pagado", más te valdría no haberles dicho nada. Porque un paciente cuando acude a ti lo suele hacer en una situación de vulnerabilidad enorme. Si le generas expectativas y falsas esperanzas que luego no eres capaz de cumplir, no sólo estás rompiendo la confianza que tenía en ti. Sino que tal vez estés echando leña a su desconfianza respecto al mundo y a la vida en general. Le estás confirmando todos sus temores y estás colaborando en que, en un futuro, tal vez no sienta que marque ninguna diferencia el pedir ayuda y las intervenciones con otros profesionales se imposibiliten o se hagan muy difíciles. 

Fuera de un ambiente terapéutico te puedes permitir el lujo de lanzar algunas frases vacías para quedar bien socialmente. Pero dentro de este espacio, la cosa cambia. No puedes decir nada que realmente no pienses o creas, porque tu lenguaje no verbal desmentirá lo que digan tus palabras y la vulnerabilidad nos hace más suspicaces a estos detalles. Por eso es tan importante que cualquier profesión que tenga que ver con la ayuda sea elegida vocacionalmente. Porque se trata de que cuando trates de apoyar a alguien, lo hagas porque realmente te nace hacerlo. No por dinero, no por estatus, no por ninguna de otras mil razones que llevan a alguien a trabajar. Tu interés ha de estar aliado con el de la otra persona para acompañarla hacia la mejoría. 

Si no sabes algo, no te lo inventes. No hace falta que des imagen de que tengas todas las respuestas. Ningún habitante presente en este mundo las tiene, si no, probablemente no estaríamos aquí. No prometas disponibilidad si no la tienes o no puedes. No hay nada de malo en que no puedas estar entre-sesiones. Tú también tienes una vida con todas sus dificultades. 

Algunos piensan que para ser psicólogo hay que ser prácticamente perfecto. No es así. No hay nada tan mágico como ser ayudado por una persona que pasó por situaciones similares a las tuyas, porque es capaz de empatizar mejor con lo que te ocurre. No tienes que dar ninguna imagen de nada. Basta con que seas tú y que actúes bajo la motivación de ayuda que te llevó a elegir tu profesión. Y si sientes que has perdido esa sintonización con tus pacientes, no te sientas mal por distanciarte el tiempo que necesites de esto y pedir ayuda si lo precisas. 

Tenemos que volver a humanizar la psicología, a bajarnos de los pedestales donde parte de la sociedad nos sitúa. Todos estamos al mismo nivel y las respuestas a las cuestiones de la vida, de haberlas, las encontraremos entre todos.


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martes, 11 de diciembre de 2018

Elegir una profesión




Elegir a qué te dedicarás en esta vida es algo complicado a decidir. Porque el mundo ofrece una infinidad de posibilidades para poder hacer y al mismo tiempo nosotros mismos somos muy complejos y tenemos potencialidades para muchas tareas diferentes. Pero en esto de la profesión creo que ocurre algo muy parecido a lo que ocurre con el zapato de Cenicienta. Por supuesto que puedes hacer bien miles de cosas, pero siempre hay una que parecerá hecha a medida para ti. Lo complicado de esto es hallarla. 

Cuando se trata de buscar una profesión pareciera que la vida nos va echando un cable, en el sentido de que sin saberlo te va llevando por un camino que te prepara a tu destino final. Aquí algunos que creen más en el azar puede que no estén de acuerdo, pero de nuevo sólo expongo lo que siento desde mi perspectiva. Sólo pretendo con esta entrada el invitar a la reflexión. 

En el momento en que empezamos a buscar aquello a lo que dedicaremos nuestra vida es importante partir de nosotros mismos, analizando cómo somos, qué nos hace diferentes a nuestros amigos o familiares. ¿Qué tenemos nosotros que si mañana muriésemos sería una pena que el mundo perdiera? ¿Qué nos hace destacar entre otros? Aquí cabe pensar, no se trata de elegir cualquier trabajo. Porque a lo mejor ese trabajo que vamos a desempeñar cualquier otro podría hacerlo. ¿Por qué tú lo harías mejor? ¿Qué hace de ti ser el más idóneo para ello? ¿Perderá el mundo algo si te dedicas a ello y no a otra cosa?

Como veis el tema de la profesión bajo mi punto de vista es una responsabilidad. Vinimos al mundo con unos dones, con unas facultades que de alguna forma siento que hemos de devolver al mundo. Y si no hacemos aquello para lo que fuimos preparados es posible que no nos sintamos todo lo felices y realizados que podríamos de encontrarlo. Hay partes en nosotros deseosas de brillar haciendo aquello para lo que fueron creadas. Y cuando esas partes las dejamos perder... Algo en nosotros se siente triste, frustrado, tiene la sensación de que le falta algo, no termina de sentir que está en el sitio donde quiere estar...

Creo que la pregunta clave es ésta: ¿Estás haciendo exactamente lo que quieres hacer? ¿Se te va la cabeza a otras cosas? ¿A qué cosas? Cuando realmente encuentras tu camino es como cuando te enamoras realmente de alguien. De repente entiendes por qué estás con esa persona y no con las restantes con las que trataste. Y quiero tomar esta comparación con el enamoramiento para tratar ahora otros temas en relación a la profesión. La relación con tu profesión puede atravesar toda una serie de etapas, unas mejores y otras peores. Puedes tener épocas de más inspiración que otras, de más energía que otras. Y como cuando estás de pareja, llegada la época difícil puede pasarte que llegues plantearte el cambiar de profesión, buscar una más sencilla, con más empleo, con más sueldo etc. La cuestión aquí es, ¿te haría eso realmente feliz? ¿Hasta dónde estarías dispuesto a llegar por esa nueva profesión que te atrae? Cualquier carrera profesional tiene sus dificultades, sus exigencias, ninguna es un camino de rosas, porque ahí está la vida siempre poniéndonos baches para que lleguemos aún más lejos en nuestro desarrollo, porque si todo fuese excesivamente sencillo no sacaríamos todo el potencial que sin duda reside en nosotros. ¿Estás dispuesto a todo eso por esta nueva profesión? ¿Estás dispuesto a aprender a fondo sobre todo lo que ella implica?

No hay nada malo en cambiar de profesión, pero realmente decisiones como ésta se han de tomar desde dentro, por nuevo "amor" e interés hacia esta nueva profesión, no por miedo o por resignación. Tu corazón no sabe de aquello en que lo metes por miedo. Sólo aquello que le hace iluminarse es lo que lo levantará cada día con ilusión y le hará que saques la mejor versión de ti mismo. 

Así pues, si aún no has decidido qué harás en esta vida, piensa en aquello que a veces te descubres haciendo casi sin darte cuenta. Piensa en aquello que hace que no eches de menos lo demás. Mira series, películas... Mira personas haciendo determinadas profesiones. ¿Qué sientes hacia esas personas? ¿Sientes el gusanillo de estar haciendo lo que ellos hacen? ¿Sientes atracción hacia un tipo de ambiente de trabajo determinado? Rodéate de personas realmente motivadas con la profesión que eligieron, es igual que dichas profesiones no tengan que ver con la que tú elegirías. Fíjate en cómo se sienten, cómo les brillan los ojos cuando hablan de aquello que hacen. ¿Has sentido tú eso alguna vez? 

Cuando te vayan surgiendo ideas, busca en internet. Hoy día youtube ofrece testimonios de personas estudiando diferentes carreras, módulos, dedicándose a determinadas profesiones. Tenemos la suerte de poder acceder fácilmente a información de primera mano de aquellos que ya están haciendo realidad sus sueños. Nunca ha sido más fácil que ahora. 

Y cuando sientas que realmente has dado con aquello que te emociona, sé valiente. El camino será más o menos escarpado, pero podrás con ello. Porque aunque no lo creas, hay más de ti que nació para esa profesión de lo que tú quizá puedas haber sentido en ti hasta ahora, y te descubrirás saliendo airoso de situaciones que no creerías jamás que serías capaz de afrontar. Como leí ayer en una frase de Ray Bradbury: "A veces uno tiene que saltar por la ventana y esperar que le crezcan alas mientras va cayendo". 

Realmente es así, a veces justo cuando nos atrevemos a dar el salto es cuando se activa todo lo que se requería para ello. Y es entonces cuando os digo desde mi propia experiencia que os sentiréis realmente realizados, que entenderéis por qué elegisteis esa profesión y no ninguna otra. Incluso puede que se os pongan los pelos de punta, os emocionéis... De repente comprenderéis vuestro camino, y algunos de sus tramos a los que en su día no les encontrabais mucho sentido. Como si fuera un puzzle lograréis poner la última pieza del núcleo central y entonces ya entenderéis lo que estáis haciendo y todo lo que quedará será expansión.  




lunes, 10 de diciembre de 2018

¿Qué es el asperger?




No me gusta en sí la misma pregunta, porque ninguna persona se puede definir por un diagnóstico y dentro del asperger hay miles de personalidades diferentes, aptitudes y pensamientos distintos. Pero si no nos agarramos tajantemente a la información que voy a dar y mantenemos una mentalidad abierta al conocer a cada asperger que nos encontremos, entonces quizá esta información nos pueda ser útil y no seremos meramente esclavos de ella.

Una persona asperger es alguien que suele sentir que no encaja en el mundo. Ve a los demás que le rodean y siente que no termina de ser como ellos. Los que le rodean también suelen percibir esta diferencia, con lo que todo esto conlleva, porque en esta sociedad la gran mayoría no estamos preparados para aquello que nos es diferente. Por eso surgen sentimientos de rechazo, burlas,... Es curioso como cuando no entendemos algo en lugar de sentirnos algo avergonzados por nuestra falta de conocimiento, asaltamos contra lo que no entendemos como si quisiéramos acabar con ello, o intentamos posicionarnos por encima. Es una manera nada humilde de actuar, pero que tenemos muy interiorizada. Porque realmente sería más natural y lógico hacer un sobreesfuerzo por entender lo que es diferente, adaptarnos, tratar de ver qué nos puede aportar... Sin duda ésta sería la opción más inteligente. Pero supongo que no todos estamos dispuestos a utilizar nuestros recursos mentales en todos los ámbitos.

Entonces, partiendo de la idea de que un asperger es diferente y que puede tener un distinto modo de funcionar, puede tener problemas para relacionarse. Es fácil, él es diferente y cuesta explicar esa diferencia al resto, sobre todo cuando no están dispuestos a escuchar. Así pues, pudiendo tener la misma necesidad de relacionarse con el resto y de encontrar afecto en los demás, nos encontramos con que el asperger puede no encontrar amistades, con el sufrimiento que eso conlleva y puede experimentar sentimientos de soledad desde una edad muy temprana. Esto hace que más de lo común pueda quedarse solo entre su mar de pensamientos y sentimientos, lo cual hace que una mente de niño pueda ir profundizando en aspectos que, por lo general, tenemos más asociados a los adultos. Puede quizás enfocarse en leer y aprender sobre temas concretos que le van interesando. Y así, cuando por fin el niño va a volver a tratar de establecer interacción con otros, resulta que su lenguaje para los demás puede parecer pedante o pomposo. Para él es ni más ni menos que el lenguaje con el que se ha codeado todo el tiempo. No pretende parecer superior ni nada que se le pueda atribuir. Simplemente usa lo que sabe, ya está, igual que cualquiera haría.

Como no ha podido tener mucha interacción social, también puede no entender ciertos matices comunicativos, como las bromas, dobles sentidos etc. Esto no es porque tenga nada mal en el cerebro, como por ahí se divulga. Se fundamenta simplemente en una falta de experiencia. Porque si el niño aprende qué significan las bromas, a la próxima podría entenderlas sin muchos problemas, porque en esta vida muchas cosas son cuestión de práctica y ésta también lo es. La ingenuidad de un asperger suele ser algo comunmente conocido. De hecho es una de las razones por las que suelen ser víctimas de bullying. La gente gusta de reírse de un asperger, porque por lo general no sabe cómo responderte y la maldad no suele estar entre sus posibles respuestas. De nuevo lo más normal teniendo sensibilidad sería no aprovecharse de algo en lo que alguien es susceptible, no reírse de la debilidad de alguien. Pero la sociedad no está moralmente preparada y quienes suelen acabar en el psicólogo no son los verdugos que hacen daño a los otros, sino las víctimas que tratan de sobrevivir a ellos.

Otro aspecto a destacar de un asperger es su aplastante honestidad. Su mente tiende a ser lógica por lo que no ve realmente ninguna utilidad en la mentira. ¿Para qué operar con información que no es real? ¿De qué sirve manejarnos con mentiras si es algo tan tangible como la realidad lo que pretendemos cambiar o con lo que nos queremos enfrentar? Para un asperger no resulta útil mentir, por lo que de saber mentir tampoco es algo que tenderá a hacer. Y tal vez este rasgo no esté tan mal. Quizá sí esté bien trabajar en ellos el suavizarse a la hora de expresar lo que piensan para que otros no resulten bruscamente ofendidos. Asertividad le llaman... sí, éste rasgo sí que puede resultar importante de trabajar con ellos.

Por ahí hay una creencia popular de que los aspergers no tienen empatía. Esa es una de las informaciones que surgen de la mano de quienes no entienden en absoluto lo que es el asperger y hace mucho daño tanto a los aspergers como a los demás. Un asperger por supuesto que empatiza. Suelen tener problemas de hipersensibilidad, y eso también implica hipersensibilidad a tus sentimientos, los cuales pueden afectarles profundamente. El problema es que mientras un neurotípico (como los aspergers llaman a los que no lo son) puede quizá mantenerse más impermeable a tu estado emocional, un asperger se puede ver invadido por él y a la hora de la verdad no responder de la manera que te esperarías. En aspectos burocráticos el asperger no dará el do de pecho. Probablemente, responderá de una forma que puede que no entiendas y que pueda parecerte quizá poco sensible. Aquí se trata más bien de trabajar con ellos la autopercepción de sus propios sentimientos y el autocontrol. Porque a lo mejor se alteran mucho porque te ven enfadado y responden de una manera que no te gusta (como espejo), y aquí no es porque no hayan sintonizado con tu emoción, que sí lo han hecho. Sino que no han sabido cómo manejarla una vez que la han sentido. Aquí, mis compañeros psicólogos, es en lo que realmente hay que trabajar.

Otro aspecto en lo cual un asperger suele destacar es en sus intereses restringidos. ¿Qué es esto? Básicamente un asperger puede desarrollar interés por determinadas áreas. Un asperger suele tener una inteligencia normal o superior a la media. Teniendo en cuenta que no suele enfocarse en su mundo social, puede aliarse con otros aspectos del mundo a manos de su razón. Al empezar a interesarse por un campo, pueden querer saber todo sobre él, y en esto volverse unos grandes investigadores. Claro, esto desde fuera puede parecer sorprendente. ¿Cómo puede darle tanto por "x" o "y"? ¿Es malo esto? No, no lo es. En el interés restringido de un asperger puede estar el campo con el que se gane la vida. Y es importante apoyarle, porque con los soportes adecuados puede ser una verdadera máquina en ese campo. Porque si en la vida los mayores logros se consiguen con persistencia, nada como la que tiene un asperger. Por otra parte, a un asperger le suele costar más que a otros el estudiar cosas que no le interesen. Por ese aspecto pueden ser tildados coloquialmente de "tontos" sin serlo realmente. Un asperger ha venido al mundo para enfocarse en lo que le interesa. Difícilmente vas a conseguir que trabaje en un oficio de familia que por lo que sea ni le va ni le viene o en aquella profesión que tú crees que reporta más económicamente, a no ser que le atraiga a él personalmente.

¿Hay excepciones a todos estos puntos? Por supuesto que las hay, ya dije al empezar esta entrada que esta información no va a ser un dogma, sino una aproximación de lo que un asperger puede ser. Y aún me dejo en el tintero muchas cosas, que probablemente toque en nuevas entradas próximamente.

viernes, 2 de junio de 2017

Necesidades a cubrir para ser más feliz




Las personas cuando acuden a consulta en muchos casos saben que se encuentran mal, pero no saben decir exactamente por qué. Sin embargo al explorar sus historias podemos ver que en muchos casos hay muchas necesidades en ellos muy pobremente satisfechas. En psicología el autor más conocido que habló de las necesidades en el ser humano fue Abraham Maslow, el cual propuso la famosa pirámide en la cual habla de diferentes tipos de necesidades que tenemos las personas. Según él sólo se atienden necesidades de la parte superior de la pirámide cuando se han satisfecho las necesidades básicas que se encuentran a la base (fisiológicas y de seguridad). Os dejo dicha pirámide para que le podáis echar un vistazo:




No obstante, hoy no nos centraremos en esta teoría, ya que sobre ella ya hay mucho contenido en internet que podéis buscar si estáis interesados. Sino que hablaremos de ciertas necesidades que yo he descubierto que se encuentran insatisfechas en las personas que no son felices y que curiosamente cuando son satisfechas aumentan de manera importante la calidad de vida de dichas personas.

Necesidad de metas

Hay personas que llevan durante mucho tiempo sintiéndose cansadas y luego cuando van al médico y les hacen analíticas ven que no hay ninguna justificación médica que explique esa falta de energía que sienten. Sin embargo cuando les preguntas acerca de sus vidas, de qué objetivos persiguen en ellas, descubres que simplemente se están dejando llevar. No tienen planes, ni fines determinados. El carecer de metas en la vida hace que algunas personas acaben desarrollando depresión. Además, al carecer de metas corres el riesgo de que otros te impongan las suyas y acabes no trabajando para conseguir tu propia felicidad. Las metas dan un sentido y significado a nuestros días, por eso es importante reflexionar sobre qué nos gustaría conseguir a corto, medio y largo plazo. Ser consciente de nuestros deseos, además, nos hace encontrar el camino para alcanzar esa felicidad que tanto anhelamos. Por ello, si ahora mismo no sabes en qué enfocar tu vida, reflexiona, sé consciente de lo que sientes realizando determinadas tareas, reflexiona sobre qué cosas te motivaron en el pasado, piensa en qué personas admiras, porque muchas veces esa admiración tiene detrás un cierto interés en conseguir metas que lograron esas personas.



Necesidad de aprendizaje y desarrollo

Al igual que nuestras células necesitan alimento, nuestro cerebro necesita conocimientos. Cuando cada día aprendemos algo, aunque sea algo pequeño, eso contribuye a nuestra felicidad, porque amplía nuestra perspectiva y nos hace conectar más nuestras propias ideas previas y lograr una comprensión global más exacta de la realidad y de nosotros mismos. Además, el aprender sobre cosas aumenta nuestra autoestima, porque nos hace sentir que avanzamos, y esto repercute en la mejora de la imagen que tenemos de nosotros mismos. Se conoce además que cuando hay una depresión se estrecha el foco de atención. Literalmente vemos menos de la realidad que lo que realmente es, como si mirásemos a través de un tunel. Cualquier actividad que ayude a ampliar dicho foco, es puramente antidepresiva. Por eso toda actividad de aprendizaje resulta buena para tratar una depresión, porque saca a la persona del ciclo cerrado y limitado de la misma.




Necesidad de ser útil


Las personas necesitamos sentir que nuestra presencia en el mundo lo mejora. Necesitamos ver que podemos ser útiles para nosotros mismos y para la sociedad en general. Por eso cualquier actividad encaminada en hacer sentir útil a la persona, resulta beneficiosa para ella. Podemos pensar, por ejemplo, en los jubilados. Hay quienes al perder su papel laboral pierden ese sentido de utilidad personal y eso afecta profundamente a la autoestima. Por ello es tan importante volver a encontrar un lugar donde tener un papel, una función. Esto es recomendable hacerlo con todo tipo de personas, especialmente si su autoestima se encuentra afectada. Por ejemplo, puede ser buena idea hacerlo con personas que se encuentran enfermas. A veces por haber perdido ciertas capacidades o tenerlas mermadas se sienten inútiles. Es importante que si somos conscientes de ello les ayudemos a encontrar actividades que sí puedan desempeñar y que puedan ser importantes para ellos y su entorno. Porque todos, hasta el último momento de nuestras vidas, podemos ser útiles.




Necesidad de autocuidado

Alimentación, descanso físico y mental, higiene... Parecen evidentes, pero no lo son tanto cuando establecemos nuestra prioridad en otros aspectos distintos a nosotros mismos. Por ejemplo, esto suele estar afectado en quienes están cuidando a familiares enfermos, justamente porque quieren a sus familiares y acaban priorizando sobre ellos, olvidándose de algo básico: que quien no se cuida a sí mismo, acaba incapacitándose para cuidar a los demás. El problema también reside en una concepción social errónea, la de que es más importante amar a los demás que a uno mismo, lo cual seguido a rajatabla va en contra puramente del amor a los demás, porque quien no es feliz, quien se siente desdichado por no haberse cuidado, se queda sin energías para destinarlas a los demás. Y por el contrario, quienes son felices sacan lo mejor de sí mismos sin hacer ningún esfuerzo. Si estás cuidando a alguien y empiezas a percibir que tienes que hacer un sobreesfuerzo para estar ahí, eso ya es una señal de alarma de que te estás olvidando de tu autocuidado. Detente, reparte tareas entre familiares,... Todo lo que sea necesario.


Cuando hablamos de autocuidado también nos referimos a actividades de ocio. El esparcimiento nos sirve de descanso mental también. El ejercicio físico también forma parte del autocuidado, porque además de repercutir en nuestra salud física, genera endorfinas que mejoran nuestro estado emocional. Dormir las horas suficientes por las noches, también es fundamental, y comer adecuadamente también. Hay profesionales que debido a su alta carga laboral acaban saltándose comidas, privándose de horas de sueño etc. Todo esto además de atentar contra su salud, les hace sentirse peor emocionalmente y va en contra de su rendimiento laboral, porque a veces se alcanza una mayor claridad para operar en el mundo laboral cuando uno se toma el descanso suficiente que cuando destina muchísimas horas al trabajo, porque al final el cuerpo se acaba agotando y al día siguiente es más complicado que se pueda mantener la constancia en las tareas.


Necesidad de soledad y compañía

Los seres humanos necesitamos estar solos, porque la soledad nos ofrece el momento de escucharnos a nosotros mismos. Si no tenemos estos momentos de autorreflexión diarios, podemos acabar por simplemente dejarnos llevar por la vida. La soledad además nos ofrece descanso mental, el cual también es necesario para nuestra mente.

Por otra parte también necesitamos establecer contacto con los demás, porque los demás nos ayudan a la satisfacción de muchas otras necesidades que también son importantes, entre ellas las siguientes:

-Necesidad de desahogo:

Necesitamos expresar lo que llevamos dentro, nuestras alegrías y nuestras penas, nuestras ilusiones y aquello que nos duele, y necesitamos que la otra persona conecte con nuestras emociones y las comprenda. Esto ayuda a nuestra propia autorregulación emocional. Desahogarnos además ayuda a procesar experiencias en la vida que han podido ser difíciles para nosotros, ayudándonos a encontrarles significado y evita que se formen traumas.

-Necesidad de apoyo incondicional:


Esta necesidad, aunque en un principio, ha de ser cubierta por los padres, no siempre es así, bien porque los padres fallecen, o bien porque ellos mismos no han vivido esa receptividad emocional de sus propios padres. Por lo que muchas personas que acuden a terapia asisten con una fuerte necesidad de vincularse a alguien estable, que pese a todo lo que hagan o puedan llegar a hacer no les abandonen. Brindar un apoyo de estas características a una persona tiene un valor incalculable para ella, pero no todo el mundo apuesta por este tipo de apoyo. En la sociedad encontramos que todavía el criterio que se sigue en las relaciones es la búsqueda de la ganancia con ellas, y esto acaba produciendo que muchas personas acaben buscando a un psicólogo. En realidad, al no apostar por el apoyo incondicional nos perdemos mucho de las personas porque precisamente en sus partes oscuras a veces se encuentran las enseñanzas más valiosas y las verdades más humanas y bellas.


-Necesidad de identificación con los demás:


Necesitamos sentir que los demás, en muchos aspectos, son como nosotros. Esto nos ayuda a sentirnos parte del mundo y a comprendernos mejor. En la medida en que nos identificamos con otros somos capaces de aprender de sus experiencias y de alcanzar un mayor conocimiento acerca de nosotros mismos.

-Necesidades afectivas:

Cuando recibimos afecto nos sentimos dignos de él. Recibir afecto mejora nuestra autoestima y nos hace más felices.

Como podemos ver nosotros mismos somos un puro reflejo del universo. El universo rota en ciclos de contracción y expansión. Y así, nosotros necesitamos momentos de más retraimiento para luego abrirnos y expandirnos hacia los demás.

Necesidad de dejar huella


El ser humano siempre ha tenido deseos de ser inmortal. Esto de alguna forma lo puede hacer a través de su obra. Cuando uno se encuentra cerca de la muerte algo que le puede preocupar es no haber dejado nada de sí mismo en el mundo, el no haber cambiado nada. Resulta reconfortante sin embargo cuando esa persona ha podido dejar algo de sí en el mundo, a través de su relación con los demás, a través de libros que pueda haber escrito, etc. Cuando una persona trabaja en impregnar su huella, en dejar algo de su actividad creativa en el mundo, esto revierte en su propia satisfacción consigo misma y le hace más feliz.




Necesidad de libertad creativa


Las personas necesitamos expresar lo que somos en toda su magnitud y para ello sin duda necesitamos ser libres. Cualquier privación de libertad o presión para alcanzar unas ciertas expectativas bloquea cualquier actividad creativa, y hace que la persona no pueda ser todo lo que desea ser ni dejar en el mundo todo lo que quiere dejar. Por eso es muy importante que respetemos la libertad de los demás no imponiéndoles nuestros criterios y saber escapar nosotros mismos de situaciones que no nos dejen ser tal y como somos y de hacer lo que deseamos. Es evidente que una persona que no puede hacer lo que sueña hacer acaba por no soñar, y cuando ya no sueña su vida pierde sentido para ella y puede llegar a tener depresión o a estar "cansada" de su vida.

Necesidad espiritual

Cuando hablo de necesidad espiritual no me estoy refiriendo a ninguna religión en concreto, sino que hablo de la importancia que tiene para la persona el encontrar significado a su propia vida, a su camino e incluso a su sufrimiento. Haciendo unas prácticas escuché una frase muy buena: "No hay peor sufrimiento que el sufrimiento sin sentido". Y es así, ya que cuando lo estamos pasando mal, si al menos entendemos el por qué, la situación es más fácil de sobrellevar. Hay sobrados estudios que demuestran que la espiritualidad ayuda a manejar mejor las situaciones difíciles. La necesidad espiritual se trabaja sobre todo a partir de la autorreflexión y también los libros nos pueden dar cierto combustible para generarla, o el contacto con la naturaleza, la meditación etc.




Necesidad de coherencia

Las personas necesitamos percibir que pensamos, sentimos y actuamos en la misma línea. Cuando algo de lo que hacemos va en contra, por ejemplo, de nuestras creencias, entonces se genera en nosotros lo que en psicología se llama "Disonancia Cognitiva". Y esto resulta desagradable. Ésta es una de las razones por las que cuando tenemos un comportamiento contrario a nuestras ideas morales nos sentimos culpables. El comportamiento que hemos tenido tiene moralmente para nosotros unas determinadas implicaciones y si lo hemos cometido nos toca aceptarlas en nosotros y esto puede ser desagradable. Lo curioso es que tener Disonancia Cognitiva es de lo más común y sencillo. Las personas tenemos múltiples experiencias en nuestras vidas y desarrollamos características contrapuestas con mucha facilidad, aunque algunas de ellas no las expresemos. Ejemplo: cuando una persona ha vivido una situación de maltrato aprende tanto la experiencia de ser maltratado, como la de maltratar (que está viendo en el maltratador). Por eso una persona que ha recibido maltrato puede acabar maltratando a otros. Junto a esta necesidad de coherencia hemos de ser capaces de desarrollar tolerancia a la incoherencia, aceptando nuestras contradicciones y nuestra multiplicidad. Estamos expuestos a muchas variables potencialmente distintas y es muy fácil salir de la coherencia. Para llevar esto mejor hemos de ser conscientes de que no somos lo que pensamos, ni lo que sentimos ni cómo actuamos, sino algo mucho más que eso. Nuestra esencia está por encima de todo eso.

Necesidad de control

Esta necesidad se encuentra más patente en determinadas personas que en otras, pero básicamente es la necesidad de sentir que manejamos la realidad y nuestras circunstancias y que tenemos control sobre lo positivo y negativo que pueda llegar a nuestra vida. Ésta es una falsa ilusión, puesto que en realidad mucho de lo que nos acontece escapa totalmente a nuestro control. Por eso hemos de aprender a desarrollar tolerancia a la incertidumbre. Y ésta se puede alcanzar relativizando la importancia que le damos a las cosas. También puede ayudar en el manejo de la incertidumbre la espiritualidad.

Necesidad de apertura a la experiencia (nuevas perspectivas, nuevos horizontes)

Necesitamos viajar. Necesitamos conocer otras culturas y perspectivas distintas a las nuestras, porque esto nos ayuda a ampliar nuestra visión y a comprender de manera más profunda las verdades más importantes de nuestra vida. Además, cualquier experiencia nueva estimula nuestro cerebro y lo alimenta, y esto repercute en la felicidad.

Necesidad de expresión del yo

Necesitamos sacar afuera todo lo que llevamos dentro a través de actividades creativas, a través de nuestro comportamiento etc. Ser uno mismo es puramente una necesidad y ello lo podemos comprobar. Cuando pasamos mucho tiempo con personas con las que no nos sentimos en confianza de ser nosotros mismos acabamos sintiéndonos agobiados. Algo en nosotros nos pide escapar de esas situaciones. Necesitamos mostrar todo lo que somos y hay todo un mundo en ello. Tenemos mucho más que aportar al mundo que lo que pensamos.

Necesidad de justicia

Cuando las personas sentimos que no nos tratan como merecemos o nos pasan cosas que entendemos como injustas no nos sentimos felices. Quedamos obsesionados con la resolución de esa injusticia. Para manejar esta necesidad es importante aprender a defendernos de una manera asertiva. Y si asertivamente no tenemos éxito, no podemos cambiar la forma en que nos tratan los demás ni corregir sus injusticias, pero sí podemos ser justos nosotros con nosotros mismos, y esto lo podemos hacer saliendo de ambientes en que nos tratan de una manera injusta.



Necesidad de autoconocimiento

Necesitamos saber quiénes somos. Mucha gente que acude a consulta con la autoestima por los suelos luego descubres que en realidad se encuentran así porque de partida no saben quiénes son, y no se puede amar algo que no se conoce. Es por ello que autoconocerse es importante, porque ayuda luego a cubrir nuestra necesidad de expresión del yo, de identificación etc. El autoconocimiento es una buena necesidad de partida para muchas personas que se sienten perdidas respecto a todo el resto de necesidades, porque una vez cubierta ya eres más capaz de saber cuáles son tus metas, expresar lo que eres etc.

Necesidad de autoescucha de nuestras propias emociones y gestión emocional

Las emociones guían en gran medida nuestro comportamiento y nuestras decisiones en la vida. Por ello es muy importante el saber identificarlas y ponerles nombre, porque en la medida en que somos conscientes de ellas podemos saber qué significado tienen para nosotros y de esa manera podemos aprender a manejarlas de la manera en que ello tiene sentido para nosotros.

Necesidad de autosuficiencia

Necesitamos sentir que nosotros mismos somos capaces de satisfacer nuestras necesidades básicas. Esta necesidad sobre todo la podemos encontrar en jóvenes que no acaban de encontrar trabajo. Su autoestima se ve fuertemente afectada porque sienten que no pueden independizarse y que dependen de sus propios padres. En la medida en que van pudiendo satisfacer esta necesidad mejora su autoestima y se sienten más capaces de asumir nuevos retos en sus vidas.

Y hasta aquí las necesidades que he detectado. Sin duda hay muchísimas más. Os invito a reflexionar sobre otras necesidades que se os ocurran y a escribirlas en los comentarios.







miércoles, 30 de diciembre de 2015

Por un trato justo


Hoy me he puesto a pensar sobre el trato que la sociedad le da a las personas que son diagnosticadas de un trastorno mental. Siempre me ha parecido en general injusto el trato que reciben. Hay mucha gente que lucha por muy variadas causas, pero no sé por qué siempre me ha dado la sensación de que la lucha por desestigmatizar la enfermedad mental aún no se ha ganado. La gente, en muchos casos, sigue ocultando que va al psicólogo, o haciendo como que no tiene ningún problema, por las cuentas que le trae socialmente hablando. 

Me he dado cuenta de que el principal problema que tienen estas personas es que una gran parte de la sociedad tiene aún la concepción de que quien ha recibido un diagnóstico, está loco, y otra gran parte considera que todo lo psicológico es una mentira que se ha inventado la propia persona para excusarse, pero que es totalmente exigible que se comporte de manera normal y apropiada y que cumpla con todas las expectativas sociales. 

Vamos a referirnos para empezar, al primer sector de gente, los que consideran que las personas con trastorno mental están locas. Y cuando hablamos de "locos", a la mente nos viene a la cabeza características tales como impredecible, peligroso, que no es de fiar... Es un poco la imagen del cine. En las películas los psicópatas asesinos en serie siempre nos los han mostrado como personas desquiciadas. Y al final acabamos creyendo que el que alguien tenga un diagnóstico nos tiene que poner en alerta máxima.

Lo más gracioso de eso es que la mayor parte de personas con trastorno mental no son para nada peligrosas. Son personas como tú y como yo que en un momento dado de la vida pasan por dificultades que les hacen no encontrarse de forma óptima para actuar como se esperaría. Porque una persona no nace "loca". Todos tenemos una cierta predisposición a desarrollar distintos problemas, eso es verdad. Pero ninguno se desarrolla si el ambiente no lo dispara. 

Así que nos encontramos con personas absolutamente comunes, que al enfrentarse con determinadas situaciones se sienten superadas por ellas. Es fácil en esta vida el sentirse así alguna vez. Aunque es una creencia personal mía (y no algo que haya estudiado), he de decir que pienso que a este mundo hemos venido para aprender y evolucionar. Y la vida, más tarde o más temprano, nos pone a cada uno de nosotros entre las cuerdas. Para nuestro propio aprendizaje es preciso que se desarrollen en nuestra vida situaciones que nos pongan al límite, porque justo es ese límite y otros más los que vinimos a superar. Ahí, cuando creemos que no lo vamos a conseguir, sacamos afuera capacidades que ni nos esperábamos que teníamos, y logramos mostrar atisbos de nuestro  enorme potencial y de lo valiosos que somos. 

Pasa que estas situaciones, como digo, es justo las que nos cuestan. Y es por eso que puede que necesitemos algo de ayuda. Y por eso las personas van al psicólogo. No son locos, ni fracasados, ni personas rechazables en ningún sentido. Son personas adultas, que identifican la situación que tienen delante como difícil para ellas, y tienen la humildad de reconocerlo y la valentía de pedir ayuda (y digo valentía por todo el estigma social al que se tiene que enfrentar, porque nadie tendría que verse obligado a reunir valor para pedir ayuda, dado que el ser humano es un ser vivo social que ha llegado a donde está gracias a su desarrollo en grupos). 

Asimismo, los diagnósticos que los psicólogos ponen son meramente operativos, para elegir tratamientos que se han comprobado como eficaces. ¿Qué quiere decir esto? Que el que una persona puntualmente pase por una depresión, o en algún periodo de su vida tenga ansiedad u otros problemas, no significa que ya vaya a tener ese trastorno de por vida. Emocionalmente está reaccionando a una determinada situación, que como todas, pasará. Por tanto, ¿Qué sentido tiene que hagamos de las etiquetas diagnósticas nuestra tarjeta identificativa? ¿Qué sentido tiene que a muchas personas se las trate diferente porque durante un momento de su vida estuviera en tratamiento psicológico? No seamos hipócritas. Se sabe que 1 de cada 4 personas padecerá una enfermedad mental a lo largo de su vida. Puede que la pases tú mismo, pero lo que es seguro es que de entre tus amigos y conocidos habrán varios que la padecerán. ¿Les vas a añadir a su sufrimiento encima la discriminación y la crítica?

Y ahora voy a hablar del otro sector de la población, el de aquellas personas que piensan que lo psicológico es todo mentira. Imaginemos que tuvieras un accidente y te rompieras una pierna. Entonces fueras al médico, te la entablillaran y te dijeran que en "x" semanas no puedes andar. Tú te hicieras buenamente a la idea de ello, lo asumieras y volvieras a casa. Entonces llegara "x" amigo o "x" persona y te dijera: "¿qué haces todo el día sentado en el sofá? ¡Tienes que salir a correr! Que estás echando barriga". Probablemente en estos casos no dudarías. Mandarías a esa persona a paseo, y seguirías la recomendación médica. Porque es evidente que estás mal, ha salido en la radiografía, y no dudamos de aquello que es físico.

Pero, ¿qué pasa con los trastornos mentales? Que ya no es tan evidente. No hay una radiografía a mostrar. No hay algo tangible que señalar. Y las personas que están pasando por algo así, están en una situación bastante vulnerable. Lo suficiente para que (yéndonos al ejemplo anterior), acabaran sintiéndose muy mal y haciendo sobreesfuerzo para "correr", porque no quiere obtener rechazo de las personas que le rodean. ¿No es una gran barbaridad?

Pues eso es lo que hacemos cada vez que exigimos a la persona que lo está pasando mal el que cumpla con nuestras expectativas, el que se comporte con normalidad y haga todo lo que tenemos en la cabeza. En esa situación puntual esta persona está limitada. No lucha en la misma posición que alguien a quien no le pasa nada. Hacer lo mismo que a ti te cuesta poco, a ellos les puede llegar a costar muchísimo. ¿Acaso has estado en su propia piel como para saber que no está haciendo ya todo lo que puede?

Es cierto que tampoco consiste en dejar que se hundan, y no estimularles de ninguna manera el que puedan retomar las riendas de su vida. Pero nunca ha de venir de una exigencia, porque si ya de por sí tenemos cuidado cuando alguien se ha roto una pierna, en este caso, que no hay radiografía y no podemos medir los daños, aún debemos llevar más cautela con los consejos y recomendaciones que damos. 




lunes, 28 de diciembre de 2015

¿Cambiar o reconducir?

Hace mucho que no escribo en el blog, ya que he estado ocupada con un máster que estoy haciendo y con algunos temas personales. Pero son tantos los aprendizajes que estoy obteniendo a través de las prácticas que estoy haciendo que el otro día imperaba en mí el deseo de compartir algo de todo eso. Siempre me ha encantado poder transmitir aquello que aprendía. 

Hoy quería hacer una entrada sencilla acerca de algo que me hizo pensar durante las prácticas. Yo ahora mismo estoy haciendo prácticas en el área de Onco-hematología de un hospital, con una psicóloga que es buenísima. Tan buena es que hay un antes y después después de cada conversación con ella. He visto a pacientes que estaban tristes, acabar sonriendo tras una sola sesión.

Un día fuimos a atender a una persona que sentía un gran amor por su familiar ingresado, y tenía la necesidad de hacer de todo por ayudarlo. Y su manera de querer ayudarlo era alimentarlo. Pero debido a las circunstancias físicas de su familiar, darle alimentación no era algo recomendable. Cualquier profesional quizá se hubiese obcecado en discutir con esta persona acerca de lo inadecuado que era darle de comer a su familiar en esas condiciones. Tal vez incluso hubiese apelado a lo irresponsable que era al poner en riesgo a su familiar dándole de comer, cuando los médicos ya le habían dicho una y otra vez lo perjudicial que era hacerlo. Y quizá, tras una larga discusión en la cual hubiesen acabados frustrados tanto el familiar como el profesional, se hubiese cumplido con el objetivo, que es que no le diese de comer. Pero probablemente esta persona no se hubiese sentido escuchada, ni comprendida. Se hubiese sentido más sola aún en una situación ya de por sí muy difícil.

Mi tutora no actuó así. Cuando llegó a la habitación sabía el objetivo que tenía, pero no actuó de manera ciega. Miró a esta persona y vio la necesidad que tenía de cuidar a su familiar, de demostrarle hasta el último momento lo que lo quería. Y atendiendo a esta necesidad en ella, después de hablarle de que no era recomendable alimentarlo, le aconsejó que cada vez que sintiera deseos de darle de comer, le diese un masaje en los pies. 

Cuando salimos de allí, no recuerdo las palabras exactas de mi tutora, pero me dijo algo así como que muchas veces no se trataba de cambiar a las personas. Sino de reconducirlas. 

Por supuesto, como me pasa siempre, empecé a darle vueltas a este pensamiento. Empecé a plantearme si realmente es mejor una reconducción de las personas y no tanto un cambio. Y entonces empecé a pensar en todo aquello que las personas buscamos cambiar. Muchas veces, ¿es eso que queremos cambiar en nosotros tan horrible?

La gran mayoría de las características humanas no son completamente dignas de rechazo. Casi todas son como armas de doble filo. Usadas en el contexto adecuado, son maravillosas. Pero llevadas al extremo o en situaciones concretas, se convierten en defectos. 

Respecto a las emociones, muchas veces dije a lo largo del blog que no existen las emociones negativas. Y es así. ¿Cuántas veces la ira ha salvado a una persona de hundirse en los pozos de la depresión, dándole fuerza para comenzar a luchar y salir adelante? ¿Cuántas veces la tristeza no ha servido para ablandar corazones ahogados por el enfado y los deseos de venganza? En la misma película "Del revés" se puede ver cómo el cambio que pretende alegría, de que la protagonista pase de la tristeza a la alegría de forma brusca, no es ni tan siquiera posible. Es permitiéndose vivir la tristeza cuando empieza a ver algo de luz, a través del apoyo que recibe de su familia. 

Nos obsesionamos constantemente en cambiar. Pensamos que estamos llenos de defectos reprochables y nos ponemos retos absurdos que nos agotamos por cumplir durante una semana, dos... Luego volvemos al punto en que estábamos. Y, ¿por qué?

Porque hay algo imprescindible en todo proceso de cambio, que es la aceptación. Aceptar el cómo somos, abrazar nuestros "defectos", buscar aquello en lo que podrían tornarse en cualidades... A fin y al cabo, ¿por qué somos tan diferentes? Porque todas esas diferencias son necesarias en este mundo. Cada matiz, de cada persona a la que no entendemos aporta algo fundamental para el funcionamiento de todo. 

Te invito a reflexionar a partir de hoy, no en la cantidad de cosas que quieres cambiar en ti mismo. Eso ya lo hemos hecho demasiadas veces. Sino en pensar en aquello que siempre has rechazado en ti, y averiguar en qué aspecto ese rasgo tuyo podría beneficiar a los demás, en bajo qué circunstancia podría ser útil. Y si no encuentras ningún uso, quizá debas transformar un poco ese rasgo. Pero un poco, no pasar de negro a blanco. Nunca una manzana podrá ser una naranja, ni aunque se pudiera sería esto deseable, y esto es algo que nunca debemos olvidar. 

Que nunca se te olvide la materia prima de la que partes. 

Y respecto a las emociones, ya que ha sido un tema que hemos tocado, muchas veces hemos visto como se recomienda a personas con ira que se vayan a gritar a un lugar alejado de la multitud, que hagan ejercicio... ¿Qué es todo esto, si no acaso una reconducción del sentimiento? No se le dice a la persona que no esté enfadada, porque no se puede detener una tormenta que ya recién ha estallado. Se trata todo de fluir, de liberar poco a poco ese sentimiento tratando de no hacer daño a los demás en el proceso. Realmente nada es más doloroso en esta vida que resistirse a lo que es. El sufrimiento humano muchas veces se debe a nuestra falta de aceptación. No comprendemos, por lo que no aceptamos y esta resistencia es la que nos hace sufrir y nos bloquea.

Muchas veces se habla en esta vida de lo importante que es que seamos felices. Yo creo sin embargo que no se trata tanto de felicidad. Sino de estar en paz, al menos durante algunos momentos al día, para que nuestra alma pueda descansar y estar más en conexión con ella misma y con aquello que le rodea. De está manera acabará siendo más aquello que ha venido a ser.